jueves, 8 de enero de 2015

¿Se prepara Poroshenko para la guerra o para la paz?

¿Qué se puede pensar de las recientes declaraciones del presidente Petro Poroshenko en las que afirmaba que la violencia y la fuerza no pueden acabar con la rebelión de Donbass y que son necesarias negociaciones? Poroshenko afirmó que no es posible una solución militar a la guerra en Donetsk y Lugansk, aunque finalizó su discurso afirmando que, si Rusia lanza una ofensiva, Ucrania introducirá la ley marcial. Se puede interpretar de diferentes maneras el mensaje de Poroshenko en el que afirma que “a día de hoy no tenemos los recursos necesarios para una ofensiva”. Puede que el presidente planee obtener esos recursos en el futuro o que soto trate de parecer pragmático para así evitar posibles acusaciones de la extrema derecha de haber traicionado su causa.

Poroshenko dijo también que se encontraría con los líderes de Rusia, Alemania y Francia en Kazajistán el 15 de enero (que curiosamente es el día en que hay convocadas numerosas marchas contra el Gobierno ruso en Moscú y en el extranjero) para discutir una salida al conflicto.

¿Ha comprendido por fin el presidente ucraniano lo inútil de bombardear a sus propios civiles que se atrevieron a protestar contra el golpe de Estado que tuvo lugar en febrero de 2014 y no se sienten representados por los ultranacionalistas de Ucrania occidental? ¿Quiere decir con la oposición de muchos en el propio Ejército Ucraniano a la llamada operación antiterrorista o con las numerosas deserciones se ha dado cuenta de que una conquista completa del territorio no es posible? ¿Es que ha visto que debe salvar la economía ucraniana con apoyo de Rusia antes de que la ya difícil situación económica se deteriore aún más?

¿Ha cambiado de opinión el presidente, posiblemente a pesar del incondicional apoyo estadounidense a las acciones militares que ha llevado a cabo contra Donetsk y Lugansk y ha decidido hacer lo que beneficia a todos los ciudadanos de Ucrania? ¿O simplemente está ganando tiempo para lanzar una nueva ofensiva en la primavera de 2015?

Se puede tomar la palabra de Poroshenko y creer que se ha dado cuenta de que la guerra es inútil  y no se puede ganar. Esto tendría sentido, sería la opción más racional. La población de Donbass no va a dejarse dominar por la fuerza y la economía ucraniana lleva tiempo en caída libre. Pero tampoco hay que olvidar que Poroshenko ha exigido negociaciones de paz en el pasado y, tras las elecciones, las operaciones militares continuaron sin cesar, pese a las esperanzas que algunos habían puesto sobre él. Esto querría decir que Poroshenko podría haberse visto obligado a continuar la guerra pese a su objeción personal a ella, ya sea por presión de Estados Unidos o por miedo a causar la ira de los fascistas y ultranacionalistas ucranianos. Es posible que Poroshenko no deseara que estallara la actual guerra, pero la existencia de milicias fieles al oligarca Igor Kolomoysky supone que el presidente ucraniano se encuentra en una delicada, y puede que insostenible, situación.

Un examen de los hechos sobre el terreno puede aportar una mejor comprensión sobre qué puede pasar a partir de ahora: en diciembre, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley de Apoyo a la Libertad de Ucrania, que por primera vez permite a Estados Unidos armar al Ejército Ucraniano y permitir así que la junta de Kiev intensifique la masacre de civiles en el este de Ucrania. Según recoge Euromaidan, la Ley permite a Estados Unidos proporcionar entrenamiento militar a Kiev y entregar armamento antitanque, munición, radares contra artillería y drones. De hecho, Estados Unidos recientemente ha entregado radares, pero esta Ley supone un cambio cualitativo, ya que supone armamento ofensivo además del meramente defensivo provisto hasta entonces. Estados Unidos puede aportar hasta $350 millones en ayuda en los próximos tres años, con $10 millones previstos para difundir el punto de vista estadounidense a través de Voice of America y Radio Free Europe/Radio Liberty, y $20 millones para promover la democracia en Rusia. Aunque según la misma fuente, el estatus de aliado no-OTAN para Ucrania, Georgia y Moldavia fue eliminado en el último momento para hacer la ley más aceptable.

Parece poco probable que el actual Gobierno ucraniano arriesgue la ayuda estadounidense para la guerra que se ha hecho posible recientemente, por lo que es improbable que el Gobierno de Kiev trate de parar la guerra, incluso aunque personalmente Poroshenko pudiera optar por esa opción, aunque fuera por la presión de los grupos ultranacionalistas y fascistas a los que se dio rienda suelta, en parte gracias a Estados Unidos, en Maidan. Poroshenko tendría serias dificultades para parar la guerra sin asegurarse una rendición completa de Novorrusia, lo que ahora mismo no es posible.

Poroshenko visitó recientemente una fábrica de armas en la ultranacionalista región de Lvov y pidió a los trabajadores que debían trabajar a tres turnos para preparar la movilización completa. Si su intención es asegurar prontas negociaciones de paz, o si quisiera demostrar la sinceridad de sus intenciones, no tendría que intensificar las preparaciones para la guerra. Se puede argumentar que Poroshenko intenta tomar medidas para apaciguar a la extrema derecha, aunque esto supondría que, de legar a una resolución sobre la guerra con Rusia, el presidente ucraniano podría encontrarse con una rebelión popular en su contra al tratar de conseguir la paz.

Si se examinan, los actos sobre el terreno no llaman al optimismo. Otras 400.000 personas serán reclutadas para el Ejército Ucraniano en 2015, aumentando el número de soldados en 250.000, según datos del ministro de Defensa ucraniano Stepan Poltorak. El ministro afirmó también que el gasto militar llegará a los $3.200 millones, mientras que el secretario del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional de Ucrania, Aleksandr Turchynov declaró que “Ucrania espera crear uno de los ejércitos más fuertes de Europa”. “Nuestra guerra solo acabará cuando se libere todo el territorio de Ucrania, incluyendo Crimea”. De hecho,  Kiev y Estados Unidos han impuesto sanciones adicionales a los residentes de Crimea, levantando así otro muro en el objetivo de llegar a un compromiso pacífico.

El nuevo presupuesto aprobado por el parlamento ucraniano tras las amenazas del primer ministro Yatseniuk de presentar su dimisión en caso de que las cuentas no fueran aprobadas, planea gastar el 5,2% del PIB en Defensa a la vez que se producen fuertes recortes sociales.

A juzgar por sus actos, parece que Ucrania se prepara para la guerra abierta y que tiene escasa motivación para no hacerlo teniendo en cuenta los incentivos económicos aportados por la ayuda estadounidense. Además, con la economía en continuo declive, una población empobrecida, manipulada por el Gobierno y los medios, puede hacerse más nacionalista, culpar a Rusia de todas sus desdichas en lugar de ver el desgobierno nacional y caer en su propio belicismo como respuesta a sus apuros.

Es, por lo tanto, posible que Poroshenko busque ganar tiempo y trabajar para preparar al país para una guerra abierta, aunque está claro que el resultado será el sufrimiento de la población de ambos lados. O al menos, que será incapaz de parar los tambores de guerra aunque quisiera hacerlo.

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