sábado, 7 de septiembre de 2013

La derrota de Obama

El emperador comienza a sentirse solo. Su intento de atacar Siria con el apoyo de la ONU o al menos de las potencias occidentales, ha fracasado. El primer revés a su política militarista le vino del parlamento británico con su no a la guerra. De paso, su perrillo faldero David Cameron, sufrió un revolcón del que no se ha repuesto todavía.

Después, Obama vio cómo gracias a la postura de firmeza de Rusia y China fracasaba con estrépito su enésimo intento de doblegar con mentiras al Consejo de Seguridad de la ONU. Como tantas veces en el pasado (desde la Guerra Fría hasta el reciente ataque a Libia pasando por la agresión a Yugoslavia y la invasión de Iraq), la socialdemocracia europea siempre está dispuesta a echar una mano al imperialismo de EEUU.


El presidente de Francia, el socialista François Hollande, ha venido a tomar el relevo de su colega Tony Blair al asegurar el apoyo en solitario de su país a la guerra (eso sí, sin atreverse a someter al voto del parlamento su temeraria decisión).

Como en cadena se han sucedido en las últimas horas las manifestaciones de rechazo al proyecto belicista de Obama por parte de importantes protagonistas de la escena internacional. El timorato secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, ha defendido un arreglo político de la crisis recordando al mismo tiempo que el uso de la fuerza contra un país sólo es legal cuando se realiza en defensa propia bajo el artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas o ha sido autorizado por el Consejo de Seguridad.

La alianza de países americanos UNASUR condenó en enérgicos términos la futura agresión al país árabe. El Papa Francisco ha emprendido diversas iniciativas encaminadas a frenar la nueva guerra. En una carta a los dirigentes del G-20 les ha llamado a “encontrar las vías para superar los diferentes enfrentamientos [en Siria] y a abandonar cualquier pretensión de una solución militar”. La diplomacia vaticana, la más antigua del mundo, está desplegando una intensa actividad en el mismo sentido. Ni siquiera la UE apoya a Obama: hasta el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, y el presidente del Consejo, Herman van Rompuy, han apostado rotundamente por la vía política.

Resulta penoso ver la reaccionaria deriva política del primer presidente afroamericano de los EEUU. No contento con haber apoyado los golpes de estado en Honduras y en Paraguay, con mantener el criminal bloqueo a Cuba, con maniobrar de mil maneras contra el gobierno bolivariano de Venezuela, con promover la guerra contra Libia y hacer la vista gorda a los desmanes del régimen sionista, ha llegado a agredir con aviones no tripulados más que el propio Bush, apoya a los golpistas egipcios de los que elegantemente critica algunos excesos y ahora quiere atacar Siria, para mañana (si lo dejan) destruir a sangre y fuego Irán.

Ya nos advirtieron el pastor protestante de su comunidad y Noam Chomsky de las falsas ilusiones que suscitaba su emergente figura al comienzo de su primer mandato. Le dieron un premio Nobel de la Paz completamente inmerecido. Durante este verano, en un gesto indecente, quiso adornarse con una figura ejemplar en la lucha por la emancipación de su pueblo como Nelson Mandela, que estaba moribundo en el hospital. Hace unas semanas ha intentado vestirse con ropas ajenas pretendiendo ser el sucesor de Martin Luther King que dio su vida por la causa de los negros norteamericanos.

Pero la farsa ha terminado. Del sueño pacifista e igualitario de Luther King se ha pasado a la pesadilla militarista de Obama. Este hombre de paja del sistema ni siquiera sabe ya reir. Una mueca triste acompaña sus amenazas y enturbia más aun sus oscuras mentiras. Los grandes fabricantes de armas y los republicanos más belicistas son ahora sus mejores compañeros de viaje. Mientras, algunos perros le mueven el rabo en señal de obediencia: los feudales sátrapas de las petromonarquías, los sionistas que a escondidas le trazan la hoja de ruta y algunos socialdemócratas europeos deseosos de hacer méritos ante el emperador.

Andrés Martínez Lorca / Rebelión

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